2 mar. 2011

TUVE QUE TENER


TUVE QUE TENER

Tuve una novia a la que le gustaba

que agarrase su cuello con mis manos

y la ahogase levemente

mientras ella llegaba al orgasmo.

Fue la misma que me dejó sin aliento

cuando cambió mis latidos

por el de su exnovio.

Menos corazón. Más músculo.

Tuve un amor que compraba hortalizas

y le gustaba jugar a lamerlas con todos sus labios,

invitándome a su juego sin receta

con deseo de gourmet.

Siempre me acuerdo de ella

cuando encuentro pepinos en rodajas

esparcidos en mi ensalada mixta.

Tuve una pareja a la que le flipaba

hacerlo encima de la lavadora

mientras centrifugaba.

Ahora pierde agua,

y yo me niego a comprar otra.

Tuve un amor juvenil

al que le encantaba follarme en los servicios

de las discotecas más chic,

entre charcos de orines extraños

y restos de licores de otros.

Una noche me tiró por el desagüe

de un lavabo de señoras

en una terraza de verano.

Tuve una querida

que me pagaba viajes a la sierra

para montárselo en plena naturaleza

y acabar exhausta

apretando sus ojos de cierva,

gritando de placer en una sucia

cama rural.

Sus universos se hundieron en mi tierra,

escarbando como un topo

con gafas de sol,

entre sus dime que me quieres

y mis no me agobies.

Hoy, en pleno océano,

sigo comiendo ensaladas,

lavando a mano,

bailando en la pista,

respirando profundo,

esperando encontrar

la puerta de salida.

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