
Hay coprófagos históricos,
histéricos, sin cronología,
con babero y sin barbero.
Coprófagos juguetones
amargos buscadores
de los bombones del amor.
Coprófaga la inmensa travesti
que lamía heces de caniche
en la acera flamenca.
Coprófago el músico austríaco
que comía cacas
entre envidias de corcheas.
Coprófago el emperador
hastiado de poder
que encontraba en los zurullos
el espejo del placer.
Coprófaga la actriz de apellido pestilente
que gozaba en fiambreras
la coherencia de su heráldica.
Coprófago el bufón catódico
que chocolateaba la falsa mierda
en un número de circo.
Coprófago el marqués
que probaba la inmundicia
por golosería y esperanza.
Sonríe…
¡Coprófagos somos todos!
Eso sí,
desde hoy
cuando nos veamos
no te daré dos besos
te saludaré
con un apretón de manos.
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